jueves, 18 de febrero de 2016

PIJAO, UN PUEBLO QUE VIVE SIN AFANES


Por Darwin Ávila V.

darwin.avila@qhubo.com


Enclavado en la Cordillera Central, departamento del Quindío, se encuentra el único pueblo de América Latina catalogado como ‘Citta Slow’, un rótulo sellado  desde Italia, cuna de la red mundial de ciudades sin prisa que abogan por la calidad de vida de sus  habitantes. 



Con el canto de los gallos de pelea inicia el día en ese paraíso terrenal, municipio que en la época de la colonización se bautizó como San José de Colón, pero que al independizarse el Departamento del Quindío, del ya conformado Caldas, adoptó el nombre de Pijao, en honor a los indígenas que habitaban ese territorio.



 Un total de 6.152 pijaenses son los afortunados huéspedes del ‘pueblo lento’, que dista de algún retraso en su infraestructura o en su gente.



Principio por el que en el 2014 el secretario general de la organización ‘Citta Slow’, Pier Giorgio Olivetti, arribó a Pijao y en una emotiva ceremonia reveló el anuncio de su inclusión en la lista de 221 municipios sin prisa.



¿Pero qué tiene Pijao para pertenecer a este selecto grupo? 



Primero que todo hay que anotar que el pueblo está suspendido en el tiempo. A simple vista los transeúntes se notan desprendidos del estrés característico en las grandes urbes, e incluso, hasta las horas  parece que corrieran más lentas, que los 60 minutos se extendieran para dar rienda suelta al disfrute de lo simple: la naturaleza y  la vida misma.

Los principales factores de este proceso son explicados con pasión por Mónica Flórez Arcila, comunicadora e investigadora nacida en esa población, y que con la Fundación Pijao Cittaslow está cambiando su mundo. 


“Lo que plantea el movimiento es que los municipios tengan saneamiento básico, defensa del medio ambiente,  arquitectura única,  que la gente siembre sus propios alimentos, además de generar energía renovable y turismo responsable”, dice Flórez.



Según Mónica, la gente hoy en día tiene una vida demasiado agitada y no disfruta de cosas tan simples como pasar tiempo con su familia, “por eso pretendemos lo local para lo global con las características singulares que debe tener cada pueblo de menos de 50.000 habitantes, y no al contrario, que es lo global para lo local, lo que nos está consumiendo”.



Un pueblo tradicional



Con solo pararse en una de las esquinas del pueblo se puede disfrutar de un impacto visual positivo, pues las casas conservan aún la arquitectura tradicional, con llamativos colores, ventanas y letreros en madera, con los que se promocionan, sin tanta contaminación visual, los locales comerciales más famosos de la comarca: como el  Bar Social.



Allí, detrás de una corpulenta vitrina permanece Fabio Duque, un pijaense de 54 años de edad que funge como administrador y copropietario. En su negocio tiene dos tesoros que han sido noticia en el mundo: una máquina de vapor italiana que data de 1820, y una registradora también del siglo pasado, la cual solo alcanza a cobrar un total de 999 pesos con 99 centavos, una cifra que para la época era astronómica y con la que se podían adquirir extensas propiedades, vehículos y hasta producción agrícola.



Fabio, de pelo blanco y cordialidad extrema, expresa orgulloso que su bar solo ha cerrado las puertas dos días: cuando murió su padre y un tío muy cercano, por lo demás, ni siquiera cuando ocurrió el terremoto de Armenia en 1999 dejó de atender a los que querían departir, tras la tragedia que enlutó al  país.



En ese viejo recinto los ancianos del pueblo disfrutan de un chico de billar o una partida de cartas, mientras que la música popular, a un volumen moderado, recorre cada rincón y un silbido hace eco cada vez que piden un tinto.



Al salir de este sitio se ven los cerros, reconocidos entre la gente como miradores y que se erigen imponentes brindando un aire fresco de 17 grados centígrados. Los niños recorren el parque principal y juegan fútbol con improvisadas canchas hechas con sus maletines, están tranquilos pues su ciudad es pacífica, y según la Policía de ese municipio, todo está bajo control.



Cruzando la esquina es imposible no entrar en el Bar Los Recuerdos, atendido por su propietario, Gonzalo Toro Otálvaro, alias 'Tova', de 66 años de edad, que guarda en su negocio la historia de la Colombia misma.



Las paredes de este ‘templo del tango’ están tapizadas con más de 11.000 fotografías que relatan hechos históricos, los que se funden en la tonada de ‘El día que me quieras’, de Carlos Gardel - el ‘himno nacional’ de su nicho bohemio, canción que se reproduce en un tocadiscos antiguo.

Muy a menudo Carlos Barbosa, un campesino de la región, llega a Los Recuerdos a sentir el ritmo de las cuerdas mientras saborea una cerveza Póker helada, su preferida, tras las largas jornadas de recolección de café, plátano y yuca, los principales cultivos de esta zona del país.

Y aunque esta producción es la de masas, dentro de ese pueblo sin prisa las familias cultivan sus propios alimentos, inclusive en los patios de sus casas. La misma Mónica Flórez es un claro ejemplo de la ejecución de esta iniciativa, pues en su hogar siembra tomates, pimentones, laurel, orégano, cilantro y cebolla, los que utiliza en la preparación de  alimentos.



Como pueblo lento el transporte es limitado. No hay necesidad de vehículos por la cercanía con todo y las bicicletas  y caballos son protagonistas en el diario vivir. Fernando Urán es uno de los más interesados en el transporte en dos ruedas y desde hace algunos meses fundó el club de ciclomontañismo Por Los Caminos de Citta Slow, que ofrece un turismo responsable desde el Cerro de Tarapaca hasta los destinos naturales de la Cordillera Central.



Desde el parque principal se puede ver el Arbol de las Garzas, que está a 25 metros y que es llamado así por la aglomeración de esas aves que se posan sobre su copa buscando refugio. La semana pasada el fotógrafo pijaense Óscar López volvió de Estados Unidos para volar su dron y captar imágenes desde el aire de esas aves y del pueblo que lo vio nacer. Como él, muchos naturales de Pijao están regresando para invertir en su pueblo y en el progreso que merece.



Consuelo López pasa por enfrente de la iglesia, que tiene forma de jabón -según algunos ciudadanos- y  declara que está orgullosa de su municipio por todo lo que conserva: “Me siento orgullosa por lo de ‘Citta Slow’, es un pueblo tranquilo, se vive muy bien, sin preocupaciones e invitamos a todos que vengan a conocerlo”, dijo.



Turismo del buen vivir



Los colombianos que buscan un merecido descanso en tierra fría, pueden incluir a Pijao como destino. Según Mónica Flórez, líder de ‘Citta Slow’, los que decidan visitar este pueblo, que está a una hora de Armenia y a cuatro horas de Cali, deben tener en cuenta el respeto a la tranquilidad del municipio y al medio ambiente. Información al teléfono: 312 8255613.



La semana pasada llegó a Pijao  una delegación de Canadá, para incentivar un proyecto de energía renovable.



La red Mundial ‘Citta Slow’ de ciudades sin prisa tiene sede en  Italia y nació en 1999.






lunes, 15 de febrero de 2016

MUESTRAN SU BELLEZA ANTE LA CÁMARA ESCONDIDA


Por: Darwin Ávila



Fotos: Parques Nacionales Naturales de Colombia


En lo más profundo de los Parques Nacionales Naturales de Colombia las más bellas especies de mamíferos y aves hacen sus mejores poses para las cámaras.



Aunque ellos no lo saben, están siendo fotografiados por modernos equipos, en una práctica denominada fototrampeo, que en síntesis consiste en una técnica de monitoreo que se utiliza para hacer seguimiento a la vida silvestre en su hábitat.



En Parques Nacionales Naturales la práctica de fototrampeo está siendo utilizada desde hace más de 15 años, inicialmente con cámaras en rollo, sin embargo, recientemente, la organización cuenta con 95 equipos más modernos que permiten grabar información digital.



Carolina Jarro Fajardo, subdirectora de Gestión y Manejo de Áreas Protegidas  de Parques Nacionales Naturales de Colombia, habló en exclusiva con Q’hubo sobre la dinámica, que cobra fuerza ahora que varias especies están amenazadas por algunos cazadores.



“El ejercicio permite conocer un poco sobre el estado de las poblaciones, sobretodo de animales grandes, la composición, algunos comportamientos como cuándo están en celo, hábitos de alimentación, todo en aras de la conservación”, dijo la funcionaria.



Según Jarro, las especies más vistosas, o que  salen frecuente en las tomas,  son los grandes mamíferos como por ejemplo los leopardos, osos de anteojos y pecari tajacu, como también  algunas aves, que son las que generalmente hacen que se disparen las cámaras y queden registradas en las bases de datos.





¿Cómo se hace?


Para instalar las cámaras se hace un análisis al interior de los bosques, en los posibles pasos de fauna, las cámaras se aferran a algunos árboles a una distancia con respecto a la altura que permita tomar la fotografía, de acuerdo al tipo de animal que se requiera.

Ya instaladas, una vez que se da el movimiento del espécimen, se activa la cámara y toma las imágenes también en video.


Semanalmente o mensualmente se cambia la tarjeta micro SD, donde se han  recopilado las imágenes de lo que está sucediendo dentro del bosque, que no se podrían observar si el fotógrafo estuviese allí.



Las fotos que proporcionan los equipos permiten conocer no solo la presencia de algunas especies, sino obtener estimas de su frecuencia y densidad, así como la identificación de individuos a través del diseño del pelaje, las manchas, etc., lo que proporciona a los investigadores una información muy valiosa.



Un gran equipo  a cargo



Según Parques Nacionales, en el  programa trabajan técnicos como biólogos, ecólogos, veterinarios y profesionales del área de comunicación. 



“El sistema es sencillo, permite que la información se baje al computador y se hagan los estudios de comportamiento, con un grupo multidisciplinario encargado de la investigación en campo”, expresó Carolina sobre los funcionarios de Parques Nacionales.



El beneficio para Cali y sus Farallones



Los parques que cuentan con este sistema de monitoreo en Colombia son: Chingaza, Tuparro, Tatama, Tayrona, Munchique, Nevados, Orquídeas, Puracé, Doña Juana,  Guanenta y los Farallones de Cali. En este último se está implementando una campaña de educación y sensibilización ambiental, para que la gente valore la función  que tiene la fauna dentro de un ecosistema.



“Lo que se busca es que la gente entienda que cada animal que está en un ecosistema tiene una función y que gracias a esas especies es que los ecosistemas prestan servicios, como por ejemplo la provisión de agua para Cali, con la fauna que hace parte de los Farallones de Cali”, finalizó Carolina Jarro.



En síntesis, entre mejor se conserve la vida silvestre, mejores ecosistemas productores de agua vamos a tener. Así que en esta época, en la que los osos de anteojos y demás animales están siendo objeto de los violentos, todos los ciudadanos debemos salir a defender nuestras especies y que puedan seguir diciendo: “whiskey”, a las cámaras de fototrampeo, o de vida, como se les conoce.






LOS BOSQUES QUE ENCANTAN A CALI




Por Darwin Ávila Vanegas

En la zona rural de Cali aún se conserva la tradición oral en la que  indígenas milenarios, duendes y entidades espirituales  defienden a capa y espada el  bosque y los nacimientos de agua, lo que ratifica que el rótulo de ‘Cali encantada’, está intacto.


 El periódico Q’hubo se adentró en algunos  lugares que son desconocidos para la mayoría de los ciudadanos, en los que los mitos e historias  que han pasado de generación en generación son el pan de cada día.



A solo 30 minutos de La Sirena, saliendo hacia el corregimiento de Villa Carmelo (Oeste caleño), se encuentra un sitio sellado por la magia.



Se trata de la cascada ‘El Alemán’, una maravilla natural de 20 metros de altura, de la que cae un rocío de agua que cuenta a sollozos una historia triste de saqueo que inició  100 años atrás.



El mayordomo de ese paraíso es Jairo Hernández, un hombre de  al menos 40 años de edad que cuenta con amabilidad que los alemanes fueron los ‘reyes’ de esa tierra, de la que extrajeron miles de pepitas de oro.



“Los alemanes lavaron oro ahí. Ellos construyeron una casa que tiene más de 100 años. En esa época había molino, minas y se sabe que antes, en el tiempo de la colonia, los españoles ya habían saqueado esa tierra”, dice el cuidador.



La casa, una vetusta edificación de madera tan vieja como el modo de andar a pie, parece un ‘arca’ sacada de una película de terror.



 Sin embargo, cuentan  otros moradores del sector, que con el pasar de los años algunas entidades espirituales han hecho suyas esas tierras, y en ocasiones han visto una mujer indígena con traje de oro puro, deambulando en el cruce de las quebradas La Cristalina y La Candelaria.



Allí también se habla de guacas que deslumbran a altas horas de la noche a distraídos  caminantes.

Además, relatan que la dama aparece en los sueños de los labriegos, quienes al siguiente día sufren por los fuertes ‘chupados’,  que según ellos, les ocasiona en sus cuellos.


El ‘Cárpatos’ caleño



 Al igual que en Europa, donde los Montes Cárpatos lucen imponentes sobre la Cordillera Oriental desde el Danubio hasta Transilvania, en Santiago de Cali existe un micro sistema montañoso llamado ‘Cárpatos’, pero en la vereda La Candelaria.



  Para ciclistas y caminantes es solo la huella boscosa más difícil de ascender, que tiene desnivel positivo de hasta el 60 por ciento, pero para otros lugareños como don Carlos Murillo, es un portal espiritual que fue descubierto por tribus indígenas del pasado.



“Ellos lo descubrieron y en la actualidad muchas personas suben a hacer sus meditaciones, aunque estos temas no los conoce todo el mundo, ni los entienden”, dijo Carlos, que lleva 65 años viviendo en ese lugar.



 Pero su hermano Alejandro Murillo describió otra experiencia, que a su vez le contaron: “los habitantes hablan de duendes que molestan a los jornaleros. Alguien contó una vez que en una noche fría se fue a dormir y al poco tiempo se le acostó al lado un niño, lo abrazó sin hacerle daño y le habló sin que éste pudiera entenderle”.



‘Alejo’ se refirió a los gnomos, esos pequeños hombres de los  que nadie quiere escuchar cuando se está en un paraje rural, lejos de la civilización,  donde el ruido de la fauna y la flora es el único acompañante.



¿Duendes en los Farallones de Cali?


Tomás Muñoz es un ‘duendero’ de profesión. LLeva 30, de sus 50 años de edad, investigando sobre este tipo de personajes míticos que, según él, son los guardianes del bosque y la naturaleza.


Tras su larga búsqueda, creó en 2007 un espacio mágico al que llamó ‘Bichacue Yath’, nombre Nasa que significa santuario de aves y en el que resguarda cientos de figuras de duendes hechos en cerámica, cada uno con una historia que ha escuchado a lo largo de su vida.



“Quiero saber qué hay de lógica en el tema de los duendes, y en eso me he gastado mis últimos 30 años, eso me ha permitido hacer un pequeño resumen científico, pero no es tan agresivo y sé que son guardianes del bosque, esos personajes que están custodiando, agua, bosque, oro y que no  toleran que los humanos entren a  impactar el paisaje”, expresó Tomás, mientras mostraba su santuario de musgo en el que los barranqueros y guacharacas se pasean orondos de palo en palo.



Tomás, que usa gafas redondas al estilo ‘Ray-Ban’, es un hombre de montaña y en el Bosque El Secreto, cerca de la escuela donde funge como profesor, fue donde recientemente tuvo cierto contacto con esos sus ‘mejores amigos’.



“En una salida que hice para fotografiar insectos estuve de 4 horas perdido, ya estaba preocupado porque no tenía alimentación, escuchaba sonidos pero no me orientaba. Hice una ofrenda a los duendes, destapé algunos dulces y los dejé en el camino pidiéndoles que me mostraran el camino, que abriera el cielo, a los pocos minutos ellos me ayudaron a regresar”, comentó con respeto y mística el señor Muñoz.



Como él, muchos son los creyentes en los encantos y temas espirituales de nuestra ciudad, pero lo que sí es seguro, es que la naturaleza se está defendiendo de tanto atropello humano, pues la mayoría de estos lugares son contaminados a diario por turistas sin educación en la conservación ambiental.

Al final todos tenemos una historia de duendes  que contar, lo que queda claro tras escuchar, las acá contadas, es que en la ‘Cali encantada’, de que los hay los hay.

jueves, 13 de agosto de 2015

¡PANCE TIENE SEDE EN EL CIELO!



SENDERISMO.  Crónica de un ascenso a la montaña más alta de los Farallones de Cali: el mítico Pico Pance.


Por Darwin Ávila Vanegas
Periódico Q'hubo


En lo más alto de los Farallones de Cali, a 4.100 m.s.n.m. existe un lugar mágico con esqueleto de roca, bendecido por los indígenas, bañado con un manto de nubes y al que se llega luego de caminar alrededor de 10 horas por una trocha natural.

Se trata de Pico Pance, un  santuario natural que se erige como estandarte del Parque Nacional Natural Los Farallones, que tiene  206.770.63 hectáreas y se encuentra ubicado en la Cordillera Occidental de los Andes con jurisdicción en los municipios de Cali, Jamundí, Dagua y Buenaventura.

Eran las 5:00 p.m. del viernes festivo 7 de agosto y mientras los colombianos concluían la conmemoración de la Batalla de Boyacá y la gesta libertaria, yo inicié mi propia lucha con la montaña en una expedición de asalto, denominada así porque se hace en 24 horas, con el fin de evitar un impacto ambiental negativo en el ecosistema.

Me acompañaron el abogado caleño Jimmy Oswaldo Escobar y el productor radial Rodrigo Riaño del Castillo, dos caminantes que llevan muchos años explorando el área y que se entrenan en una modalidad deportiva  llamada senderismo o ‘trekking’, que consiste en recorrer largas distancia a pie, de forma autónoma, en parajes con dificultad de tránsito como por ejemplo zonas montañosas.



Primera parada 'Paz y Amor' 
Video:


Para dar luz verde a la travesía hay que llegar hasta la vereda El Pato, a 10 minutos del pueblo de Pance. A ese sitio se puede arribar en vehículo o caminando. Con la bendición de Alirio Silva, baquiano y conocedor de la reserva, me adentré en la montaña; esa misma que sirve de cuna a 30 ríos, los cuales surten de agua al suroccidente de nuestro país.

En mi maleta había, además de siete kilos de peso representados en ropa térmica, latas de atún, bocadillos de guayaba y agua, una gran ilusión por ascender al mítico Pico Pance, al que según los expertos, se debe llegar una vez al año por la gran exigencia que significa visitarlo.

Luego de atravesar el río Pato por un puente colgante llegué al Resguardo Ukumari (que significa tierra de oso de anteojos), una casa vetusta levantada en bahareque con teja de zinc,  el único hogar de paso para los caminantes. Allí me atendió  ‘Gopa Kumar Das’, un representante de la cultura krishna, que aparte de hacer un registro empírico y brindarme 'falapas' (galletas de lenteja germinada con finas hierbas), me explicó en términos de conservación que debíamos respetar la montaña por ser un lugar sagrado.

Después de esperar a los demás excursionistas, hacia las 10:45 de la noche dí rienda suelta a la emoción y comencé mi recorrido entre la espesura de la noche por el bosque andino húmedo, que se encuentra entre los 1.200 y 2.000 metros sobre el nivel del mar. Además, estaba acompañado de grillos, chapules, mariposas nocturnas y más de 300 especies de aves, de las que habitan en la reserva, que cantaban para despedir el día.

Una linterna de 1.800 lumens me ayudó visibilizar el sendero y así avancé con paso lento entre raíces y trochas, hasta que el amanecer tocó a la puerta del cielo y como un manto sagrado me iluminó, y ya estaba a poco tiempo de la segunda parada.

A un paso de Balcones



La llegada a Balconcitos a las 6:30 de la mañana, ya acariciando tierra de páramo con una altura de 3.500 m.s.n.m., me dio aviso de que la gloria estaba cerca. Sin embargo, había un impedimento en frente: una pared de roca lisa de más de 12 metros de altura, la cual había que trepar aferrado a un lazo negro con nudos cada 40 cms. Jimmy fue el primero en subir, luego Rodrigo y por último yo.

Debo admitir que casi me muero del susto y, ya arriba, demoré más de 15 minutos en recuperarme para continuar.

Media hora más tarde, con un frío intenso, llegué a Balcones, una especie de planicie que es aprovechada por los deportistas para pernoctar. Allí arman sus carpas y cambuches, cocinan y departen en lo que parece ser una vecindad, hecho que está prohibido por Parques Nacionales Naturales de Colombia, según una comunicación que recibí ayer por parte de la División Territorial Pacífico.

Atún con pan y una bebida nutritiva fue el desayuno y de ipso facto arranqué a Pico Pance, no sin antes ver a un costado el tradicional Pico Elefante y atravesar un cañón para divisar a lo lejos el Valle de los Osos, conocido así porque es tierra de ejemplares con anteojos.

Hacia las 9:30 a.m. logré ascender a los 4.000 metros y ser testigo de una bella creación de Dios: pude tocar el agua de 'Las Lagunas', dos piscinas de agua natural que adornan como un gran espejo la montaña, en zona de frailejones. Fue el momento para refrescarme y reanudar hacia el objetivo.

Toqué el cielo


A las 10:30 de la mañana, luego de casi 12 horas de viaje  con un temperatura de 5 grados centígrados, hice cumbre en Pico Pance, a 4.100 metros sobre el nivel del mar. En ese sagrado recinto los caminantes han construido un monumento de piedra, como 'pagamento' a la naturaleza, al ver ésto,  puse mi roca, una que había recogido horas antes y que cargué para tal fin. 

Lo mismo hicieron mis compañeros de aventura, complementando el ritual con una foto ondeando la bandera de Colombia que quedará para el recuerdo, pues pocos son los que logran llegar a la imponente cima.

Tras unos pocos minutos en esa cama de neblina, con dificultad para respirar, y sin haber pegado el ojo durante la noche, iniciamos el descenso, el cual se extendió por 8 horas hasta arribar a Cali el sábado 8 de agosto. Debo admitir que no quería regresar a escuchar el bullicio azaroso de la ciudad. Sin embargo,  con un tímido paso me alejé de la meta. Prometo volver pronto a ese paraíso.

Fotos: Dar Ávila Jimmy Escobar y Rodrigo Riaño





miércoles, 11 de febrero de 2015

AIRSOFT, UN DEPORTE MILITAR

Deporte aficionado. A Cali llegó una disciplina que utiliza la estrategia militar para la sana recreación de los deportistas.


Por Darwin Ávila Vanegas @hagameuncruce


Si usted ve a un grupo de mercenarios con armas neumáticas en el norte de la ciudad no se asuste, no son terroristas atacando objetivos militares, se trata de jugadores de airsoft, una nueva disciplina que toma fuerza en Santiago de Cali.

El airsoft es un deporte de simulación y táctica que trata de acercarse, lo más que se pueda, a la rama militar: misiones, indumentaria, réplicas de armas con DNA (dispositivo neumático de airsoft), elementos muy similares a las normales.

Nació en Japón a finales de la II Guerra Mundial, cuando por la prohibición de tenencia de armas, los ciudadanos y amantes de éstas empezaron a crear réplicas coleccionables que luego se utilizaron para hacer enfrentamientos con fines recreativos.

Y aunque a América el airsoft llegó en 1980, hace cinco años que los caleños se le midieron a este novedoso reto que cada día se masifica más

¿Cómo se juega?


Con arma en mano se proponen misiones, simulación militar, simulación táctica, equipo contra equipo, también partidas de dominación, de operaciones de eliminación a muerte -todos contra todos- donde el último que quede vivo es el ganador de la partida.


El que sea impactado por un proyectil, que es de PVC, a diferencia del paint ball que es de pintura, grita: “Muerto” o “Hit”. En el airsoft se maneja más que todo el honor de caballeros, allí también se juega la honestidad del competidor.

En cuanto a la extensión de tiempo. Estas partidas -si son de equipo contra equipo eliminación- pueden durar de 30 a 40 minutos; si son un juego de simulación militar con objetivos se alarga a tres horas y si es un juego rápido de eliminación de diez a 15 minutos.

“La finalidad es entretener, distraer y no dejar esa actividad meramente a los militares, sino también traer un poco de eso a la vida civil como un juego”, explica Carlos Mitchell Arana Martínez estudiante universitario quien hace parte de la Asociación Deportiva Club Airsoft Cali, la más importante de la ciudad.

Precisamente sobre esta asociación hay que resaltar que es pionera en la práctica de este deporte en ‘La Sucursal del Cielo’ y que cuenta con al menos 70 integrantes quienes se reúnen los domingos cada 15 días en algún escenario que esté adaptado para la práctica.

“Los fines de semana en Cali son prácticas o juegos amistosos. Si hay otros clubes que nos invitan ahí es donde evaluamos la calidad del jugador o del club”, comenta Arana.

Los roles en el entrenamiento


Para cada práctica de airsoft los equipos suelen contar con papeles a lo largo del juego.


Por ejemplo se utiliza mucho el rol de fusilero que puede desempeñar cualquier jugador que haya tenido un entrenamiento previo. Éste debe ser habilidoso -a media y corta distancia- y maneja armas tipo fusil y a veces pistolas.

También existe el tirador o selecto que armado con réplicas M21, el Zastava M76 o el SR-25 brinda apoyo de media distancia a los grupos de avance.

El francotirador o Sniper es el que se mueve acompañado de un binomio para tirar a grandes distancias y el ingeniero de explosivos, que instala y controla las detonaciones de las minas de airsoft en el terreno.

Según los practicantes de este deporte, cualquier persona mayor de edad puede empezar a entrenar, y especializarse en una verdadera disciplina militar.

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Airsoft Cali
Si desea info o guía para practicarlo o en el portal www.airsoft-cali.com

DATOS Y CIFRAS
6 milímetros mide un balín de PVC, que pesa 0,20 gramos.

5 metros. es la distancia mínima desde la cual se puede disparar.



"Lo importante es la descarga de adrenalina al jugar y también el fomento del deporte"

Mitchell Arana Martínez
Integrante de la Asociación Deportiva Club Airsoft Cali

¿CUÁNTO VALE PRACTICARLO?


Réplica de arma: se consigue desde 500.000 pesos en adelante.
Uniformes: En tiendas deportivas de 100.000 a 200.000 pesos.
Balines: una libra de PVC (5.000 proyectiles biodegradables), cuesta 30.000 pesos.